El enriquecimiento de la diversidad
En los últimos años se ha presenciado una llegada masiva de inmigrantes, principalmente de países en vías de desarrollo. Está inmigración comporta la unión de niños de diferentes orígenes y diferentes culturas en las mismas escuelas. No hay nadie más experto para tratar este tema que los propios profesores que viven estos casos. Es por ello que Claudi Fuster, profesor de inglés del IES Miquel Tarradell de Barcelona, ha escrito un libro -La volta a l’escola en vuitanta mons- en el cual, a modo de diario, explica sus vivencias ante estas situaciones.
Fuster considera que la diversidad cultural en las escuelas presenta esencialmente dos aspectos positivos: por una parte, lo que supone la propia diversidad, es decir, “el enriquecimiento” que te permite conocer las cosas dichas por los mismos alumnos; por otro lado, el hecho educativo, que hace hincapié en “la mejora de los contenidos pedagógicos y la metodología”.
La diversidad tiene también una parte negativa que, según el autor, es “bastante amplia”. De entrada, evoca al sobreesfuerzo realizado, que no se ve retribuido en un salario superior al de los profesores que tienen alumnos autóctonos. “Triplico las horas de clase preparando ejercicios especiales”, afirma Fuster. Otro de los aspectos negativos es el tema del racismo, no de los alumnos de aquí respecto hacia los que vienen de fuera, sino el racismo entre los alumnos de fuera. Uno de los enfrentamientos más fuerte se da entre magrebíes y chinos, ya que “son tan racistas como puede ser la gente de aquí”. Además los sudamericanos venidos en los últimos años presentan una nueva dificultad a la hora de enseñarles catalán, puesto que “como les entiende todo el mundo hablando castellano, no lo encuentran necesario”. “Hacer mucho el payaso” es lo que recomienda Fuster para intentar establecer la comunicación entre los diversos alumnos. También explica un sistema que se lleva a cabo a partir de un método anglosajón. Dicho sistema consiste en “asignar un mentor a cada alumno”, o sea, que cada alumno tenga otro compañero que le ayude a adaptarse lo más rápidamente posible. Los alumnos que funcionan de mentores, además de mostrarles lo que deben hacer en clase, les enseñan las travesuras que realizan y esto de alguna manera es tolerado por los profesores, que lo consideran “más positivo que negativo”.
Algunos centros de enseñanza tienen una concentración masiva de inmigrantes, como es el caso del instituto Miquel Tarradell. El autor no se muestra contrario a dicha concentración ya que asegura: “Si a un niño que acaba de llegar le quitas todos los referentes le desubicas totalmente”. Aunque podrían estar un poco más dispersos, cree que es mejor así, puesto que prefiere “inmigrantes que marginados”.
Tanto hijos de la prostitución, como hijos de los drogadictos de los años 70, es lo que “actualmente se conoce como marginados”. La posible discriminación de algunos profesores respecto a los alumnos inmigrantes se da, según Fuster, por la prevención ante la sensación de “desprecio” hacia el profesor, por parte de algunos alumnos. Además explica un caso de discriminación sucedido hace unos 30 años en el que un profesor que fumaba en clase hacía recoger las colillas del suelo a un alumno musulmán. “Contar con profesores de otros lugares y otras culturas podría servir para mejorar la integración de los alumnos”.
El profesor del IES Tarradell lamenta que la gran mayoría de sus alumnos no puedan llegar a la universidad no por su origen o porque “el sistema les oprima”, sino por la pobreza. Priorizan la subsistencia y el envío de los excedentes de dinero hacía su país, antes que los estudios universitarios. Esta situación de pobreza lleva a la discriminación, puesto que “nos encontramos ante una sociedad clasista”. “En algunos casos, el no llegar a la universidad viene marcado por la prohibición de los mismos padres, sobretodo cuando se trata de las hijas de los musulmanes o estudiar carreras para luego no ejercer.” En estos casos se podría decir que la religión o la cultura “afectan al rendimiento escolar de los alumnos”, pero otros casos, como asistir a la escuela coránica “es de gran ayuda para conocer su lengua”.
Fuster se considera “un ferviente defensor” de la LOCE. Cree que haría falta un aprovechamiento de las horas de tutoría, así como determinados créditos de orientación para favorecer la integración, debido a que “actualmente hay una falta de seguimiento por parte de los profesores”. Critica que no hay auna carrera específica de profesor y que en muchas ocasiones acaben en la enseñanza “profesionales que no encuentran trabajo en la industria”, o bien gente que quiere dedicarse a al enseñanza pero que le faltan conocimientos. Defiende la postura de dividir las carreras en una parte aplicada y otra dedicada a la docencia para que la educación mejore.
La Generalitat de Cataluña ha puesto en marcha unas medidas para favorecer la integración de los inmigrantes que “en general funcionan”, sobre todo desde el Ayuntamiento de Barcelona. “Pero en lugar de dos asistentes sociales, deberían haber diez”, reivindica el autor. Las medidas tomadas acerca de la alimentación, no servir carne de cerdo, “pueden servir para confrontar las posturas” , ya que tal y como explica el autor: “Por esa regla los cristianos también tienen derecho a reclamar que los viernes se les de pescado”.
“La diversidad cultural, en general tiende a la unificación”, apunta Fuster. En la escuela se observan elementos de unión, como es el caso del fútbol o del críquet que es “un deporte apasionante”. Sin embargo, el Islam es el elemento que más separa las culturas porque “no se ha movido desde hace 1400 años, mientras que los cristianos tienen el Papa, que aunque con 200 años de retraso, va avanzando”. Se espera que con el paso de los años, la sociedad se vaya uniendo. “Yo de pequeño no sabía qué era el gazpacho y ahora, ¿quién no come gazpacho en su casa? Algún día comeremos cuscus y ellos comerán pa amb tomaquet.”
Mercedes Lecha Salvador
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